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Discípulos en la Escuela de Cristo

por T. Austin-Sparks

Capítulo 1 - La Principal Ocupación de un Discípulo

En este capítulo inicial estaremos sentando las bases para lo que sigue. Más adelante estaremos desmenuzando todo el tema que estemos abordando ahora, y llegaremos a la real aplicación de la Palabra del Señor, aunque este capítulo será de carácter general, pero muy importante. Ya sabrás que en el Nuevo Testamento el pueblo del Señor fue llamado por diversos nombres, y esos fueron los nombres por los cuales los cristianos llegaron a ser conocidos. Muchos de los nombres les fueron dados por ellos mismos, aunque hubo dos excepciones. El nombre “cristianos” fue una broma hecha por alguien. Los moradores de Antioquía, a quienes les gustaba endilgarle un nombre a las personas, hallaron en este un título muy apropiado para aquellas personas, y así ellos los llamaron cristianos. Y, entonces, hubo otra palabra que fue asumida por el uso más común, y, aunque no fue particularmente su propia elección para ellos mismos, ese se convirtió en el nombre por el cual ellos fueron más usualmente conocidos que cualquier otro. Los diversos nombres, como se recordará, fueron: Discípulos, creyentes, santos, hermanos, pueblo del Camino; y Jesús los llamó “mis amigos”.

Ahí se tienen seis títulos diferentes para el pueblo del Señor, y cada uno de ellos tenía la intención de corporeizar y aportar alguna idea especial. Coloca al Señor Jesús en el centro, y todos esos nombres indicarán que Su pueblo está reunido alrededor de Él. Alrededor de Él están los discípulos, los creyentes, los santos, los hermanos, el pueblo del Camino, y aquellos a quienes Él llama “mis amigos”. Es el primero de esos títulos el que nos ocupará principalmente, y es posible que no seamos capaces de ir más allá de éste. El primer título, entonces, es “discípulos”. Este nombre tenía una doble implicación. Por un lado estaba aquello que tenía implicación con relación al pueblo, y por otro aquello que tenía implicación con relación al Señor. En cuanto a los que eran llamados discípulos, simplemente significaba que ellos eran aprendices. El título proviene de una palabra griega que significa simplemente “aprender”, aunque tenía en sí un elemento activo y significaba algo más que simplemente aprender con la cabeza; significaba además poner en práctica lo que era aprendido. Así, los discípulos eran personas que aprendían y, entonces, llevaban a la práctica lo que aprendían. Es interesante notar que este nombre para el pueblo del Señor aparece treinta veces en el libro de los “Hechos de los Apóstoles”. Esto significa que era un nombre que continuó después que Jesús hubo partido, e indicaba que ellos seguían aún aprendiendo y colocando en práctica aquello que estaban aprendiendo. Generalmente solemos pensar en los discípulos con relación al Señor Jesús cuando Él estaba aquí, aunque el nombre ‘discípulo’ prosiguió por un largo tempo después de que Jesús hubo partido de este mundo. De hecho, ese nombre continúa hasta el día de hoy, y yo realmente deseo que ustedes perciban que estamos aquí en esta hora como discípulos, aquellos que estamos aprendiendo del Señor Jesús, a fin de poner en práctica aquello que aprendemos. Esto es lo que significa ese nombre con relación a nosotros. Somos llamados a ser discípulos de Cristo ahora.

Ese nombre involucraba en sí una implicación en lo que se refiere al Señor Jesús. Naturalmente, ese nombre simplemente significaba, y aún significa, que Él es el Maestro, Aquel de quien debemos aprender todas las cosas. Este nombre era generalmente usado con relación a Él cuando estaba aquí, y en esta capacidad Él tenía cuatro nombres: Preceptor, Rabbi, Rabboni y Maestro. Usted recordará que Él era llamado por todos esos cuatro títulos. Ellos se dirigían a Él como ‘Maestro’. Nicodemo le dijo: “Sabemos que has venido de Dios como maestro” (Juan 3:2). Aunque Él era un tipo diferente de maestro con relación a todos los otros maestros. Él no era un maestro de escuela, pues Su enseñanza era espiritual, no académica. Sin embargo, Su nombre “Maestro” involucraba en sí algo muy importante y muy rico. Vamos en esta hora a ocuparnos mucho con el Evangelio de Juan, porque es allí donde aprendemos más profundamente sobre el significado del Señor Jesús. La pequeña frase ‘conocer’ ocurre cincuenta y cinco veces en este Evangelio, y esta misma frase se aplica al Maestro y a los discípulos. Está perfectamente claro en el Evangelio que el tema es “conocer”, pues todo hace referencia al conocer, y Jesús es el Maestro espiritual. Y, entonces, la frase ‘la verdad’ ocurre veinticinco veces en este Evangelio. ¿A qué se refiere ese ‘conocer’? “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Así, “la verdad” mencionada veinticinco veces está ligada a ‘conocer’, que ocurre cincuenta y cinco veces. Otra expresión está ligada a aquellas dos: ‘La luz’, que ocurre veintitrés veces. “Conocer la Verdad por medio de la Luz” es el tema del Evangelio de Juan, y, de hecho, describe la escuela de los discípulos.

El nombre “Rabbi” es usado separadamente del nombre del Señor Jesús. En el Evangelio de Marcos Él es llamado ‘Rabbi’ tres veces, y en Mateo cuatro veces, pero este título no es usado en el Evangelio de Lucas. Usted verá enseguida el por qué. En Juan es llamado ‘Rabbi’ ocho veces –más que en todos los otros tres Evangelios juntos. Queda muy claro a partir de eso lo que Juan está realmente buscando. “Rabboni” no ocurre con frecuencia. Es una forma intensificada de ‘Rabbi’. Usted recordará que María Magdalena clamó ‘Rabboni’ en el jardín en la mañana de la resurrección, cuando Jesús giró hacia ella, y le dijo: ‘María’. Significa simplemente ‘el gran Maestro’, y solamente aparece en el Evangelio de Juan. Pero ¿por qué Lucas no incluyó este título de ‘Rabbi’? En su Evangelio el Señor Jesús es llamado por el cuarto título, más que en cualquiera de los otros Evangelios. El título favorito de Lucas para Jesús en esta cualidad es ‘Maestro’, y cuando usted recuerda el objetivo de su Evangelio, que era el de establecer a Jesús como el Hombre Perfecto, entonces usted entenderá por qué él prefirió este título. Jesús es el Hombre Maestro, y Lucas quiso decir: ‘Todos nosotros somos siervos de este Hombre”. Digo todo esto sólo para introducir este tema del discipulado y para mostrar que el gran negocio de los cristianos es el de aprender a Cristo. Esta no es simplemente una materia para estudiar. Quiero preguntarte: ¿Cuál es el mayor deseo en tu vida? Me imagino si es el mismo que el mío. El gran deseo de mi corazón –y cuanto más vivo más crece ese deseo– es el de comprender al Señor Jesús. Hay mucha cosa que yo no comprendo sobre Él. Siempre me estoy enfrentando con problemas acerca de Él, y no son problemas intelectuales absolutamente, sino espirituales; problemas del corazón. ¿Por qué el Señor Jesús habla y hace ciertas cosas? ¿Por qué está Él tratando conmigo de esta forma? Él es siempre muy profundo para mí, y yo deseo comprenderlo. Lo más importante en la vida es comprender al Señor Jesús. Bueno, estamos aquí para que Él nos lleve a alguna comprensión de Sí mismo. El material de la Palabra no será nuevo; será la antigua y muy conocida Escritura. Tal vez pensamos que conocemos al Evangelio de Juan muy bien. Bien, usted puede, pero yo no. Estoy descubriendo que este Evangelio contiene una verdad y un valor más profundo del que yo conozco al respecto, y confío que el Señor hará que todos nosotros veamos eso en la medida en que vayamos prosiguiendo.

El asunto tiene que ver con los discípulos, que son los aprendices, pero ¿qué decir del propio Maestro? ¿Cuál es Su materia? Todo maestro tiene su materia. Algunos enseñan teología, y otros enseñan ciencia, o filosofía, o arte, o ingeniería, u otras cosas. ¿Cuál es la materia del Señor Jesús? (Me gustaría mandarlos a sus aposentos, a fin de que coloquen sus respuestas en una hoja de papel, y pienso que sería muy interesante si leyésemos todas las respuestas más tarde). Sin embargo, la respuesta es: Él mismo. Él es Su propia materia. Jesús siempre fue la asignatura de Su propia enseñanza. Él relacionó todas las cosas con Él mismo. Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). “Yo soy el buen pastor” (Juan 10:14). “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:48). “Yo soy la puerta” (Juan 10:9) “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25). Él es Su propia materia. Él habló sobre muchas cosas, aunque Él siempre las relacionó con Él mismo. Él dijo mucho sobre Su Padre, y nosotros llegamos a ver algo de lo que Él enseñó sobre el Padre, aunque Él siempre relacionó al Padre con Sí mismo, y Él mismo con el Padre. Él dijo: “Yo y el Padre somos uno” (cfr. Juan 14:9). Él habló mucho sobre el Espíritu Santo, aunque Él siempre relacionó al Espíritu Santo con Él mismo. Él dijo mucho sobre el hombre, aunque Él siempre relacionó al hombre con Sí mismo. Su título favorito para Sí mismo era el ‘Hijo del Hombre’. Él dijo mucho sobre la vida, aunque Él siempre la relacionó con Él mismo, y nunca pensó en la vida separada de Sí mismo. Él dijo mucho sobre la luz, sobre la verdad y sobre el poder, aunque siempre con relación a Él mismo. Él era Su propia materia de enseñanza. Pero nosotros veremos que Jesús produjo una completa revolución con esta manera de enseñar de Si mismo. No hay ninguna duda de que Jesús creó una revolución. Naturalmente, algunas personas no la tendrían, pues era por demás revolucionario para ellas. Mas otras dijeron: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Juan 7:46). Y de Él es dicho que “les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Marcos 1:22). Él hizo una completa revolución, pero la hizo trayéndose a Sí mismo a la vista por lo que Él dijo respecto de Sí mismo. Él estaba siempre hablando sobre Sí mismo, y Él es el único en este mundo que tiene el derecho para hacer esto. Nosotros estamos aquí hoy porque Él tuvo el derecho de hablar sobre Sí mismo.

Así, el único asunto de los discípulos es conocerlo, y hacer lo que Él determinó que Sus discípulos hiciesen según el llamado. “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí” (Mt. 11.29). Jesús vino a traer conocimiento celestial en Su propia persona, y en Su propia persona nosotros entramos en el conocimiento celestial. No es apenas lo que Él dice: es lo que Él dice que Él es. El verdadero maestro no es aquel que dice un montón de cosas, sino aquel que, cuando dice cosas, da algo de sí mismo. Usted tuvo maestros en la escuela, y yo tuve muchos durante mis años escolares. Algunos me enseñaron, otros intentaron enseñarme esto y aquello, alguna otra cosa; podía ser aritmética, lengua inglesa, o una de las muchas materias. Creo que aprendí alguna cosa de lo que aquellos profesores me dijeron, pero de todos ellos uno permanece en mi memoria. Él dijo todas las cosas, pero también me dio algo de sí mismo. Yo podría decir de él: ‘Él no sólo habló; él dejó una impresión. Él dejó algo comigo. Me acuerdo de él, no por su asignatura, sino por él mismo. Él hizo una diferencia en mi vida’. Y este es el tipo de maestro que es Jesús. Él no sólo dijo cosas, o enseñó materias. Sus materias fueron muy maravillosas, como vimos: el Padre, el Espíritu Santo, vida, y así sucesivamente, pero Jesús dio más que palabras. Cuando las personas lo oían, decían: ‘Nunca alguien habló como este hombre’. Él dejó una impresión en sus vidas, y ellas llevaron consigo algo hacia adelante. Posteriormente fue dicho: “Ellos se acordaron de sus palabras” (Lucas 24:8). Alguna cosa había entrado en los lugares más profundos de sus vidas, y ellos eran capaces de decir: ‘Yo no sólo aprendí ciertas verdades de Jesús, sino que obtuve algo en mi vida de mi Maestro. He sido influenciado por Él’. Jesús dijo: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu, y son vida” (Juan 6:63). Esto es algo más que palabras. La cuestión que cubre y gobierna toda el aprendizaje es esta: ¿Por qué el Señor Jesucristo vino a este mundo? Naturalmente usted podría responder esto en un sencillo fragmento de la Escritura. Usted podría decir: “Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Ti. 1:15). Esto es la Escritura, y es muy verdadero. O usted podría decir: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10), que también es verdadero. Hay muchas otras cosas como esta que parece responder la cuestión, aunque, tú necesitas colocarlas todas juntas, y aun así no tendrás la respuesta completa. La cosa tiene muchos más aspectos que esos. Tenemos que aproximarnos a esto mediante dos pasos, y el primero es de hecho muy grande. El nacimiento de Jesús en Belén no fue el nacimiento del Hijo de Dios. Él no comenzó Su existencia cuando entró en este mundo: Él estaba con el Padre antes de que el mundo existiese. Él dijo: “Ahora, pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5). No sabemos cuándo comenzó Él a tener Su ser, pero fue en algún lugar, si en algún tiempo absolutamente, antes que el tiempo comenzase. Él estaba con el Padre por la eternidad. Si usted pudiera fijar la fecha de las primeras palabras en la Biblia, entonces usted conocerá la respuesta. Tal vez usted se esté preguntando por qué estoy diciendo esto. Porque es ahí donde comienza el Evangelio de Juan, y usted jamás podrá comprender al Señor Jesús hasta que comience ahí: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). Es ahí donde comienza la enseñanza. ¡Oh, nosotros entramos en una gran escuela! Es la Escuela da la Eternidad. Más tarde vamos a ver cómo es aplicado esto a nosotros. Es una de las cosas que espero que estaremos aprendiendo, pero por ahora sólo tenemos que observar lo siguiente: este no fue el comienzo de Jesús cuando Él entró en este mundo.

El otro paso es este: Su venida a este mundo en forma humana definitivamente se relacionó con la humanidad. Él no interrumpió completamente con Su deidad, sino que Él vino en forma humana, y esto significa que Su venida tuvo alguna cosa vitalmente conectada con la vida humana. ‘No fue a los ángeles: fue a los hombres’. Él vino como Hombre a los hombres, a fin de enseñar a los hombres. Dios estaba en Cristo, pero en forma humana, a fin de hacer algo en el hombre; no sólo para el hombre, sino en el hombre. Dios podía haber hecho todo para el hombre sin haber venido en forma humana, pero, a fin de hacer algo en el hombre Él tuvo que venir en forma humana. La respuesta plena a nuestra cuestión, entonces, es esta: Jesús vino para traer en Su propia persona todo aquello que se pretendía que el hombre tuviese, y que nunca había tenido. Dios había deseado que el hombre tuviese algo que jamás había tenido. Él lo perdió por su desobediencia, y nunca poseyó lo que Dios deseó que él poseyese. Y como jamás el hombre podría poseerlo, fue así como tuvo que existir otro tipo de Hombre que trajese aquello al hombre. Y repetimos: la respuesta a nuestra principal pregunta es sólo esta. Jesús vino a traer en Su propia persona todo aquello que Dios quiso que el hombre tuviese, pero que nunca había tenido. Es por esto que la enseñanza de Jesús estaba siempre unida a Sus hechos. ¿Percibes esto? Después que Jesús decía alguna cosa, Él hacía algo para probarla. Él dijo: “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12). Entonces Él abrió los ojos de un hombre ciego. Él dijo: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25). Entonces Él resucitó a Lázaro. Y así Él estaba siempre uniendo Sus palabras con hechos, Sus obras con Su enseñanza. Él no sólo se la pasaba hablando cosas, sino que hacía cosas. Y este continúa siendo Su método, y es lo que usted y yo necesitamos entender. Espero que aprendamos esto en estos días, y que esto no sean sólo palabras, sino las obras del Señor Jesús acompañando a las palabras.

Hay algo que podríamos simplemente colocar en este punto, que es muy útil. Hay algo poco común sobre este gran Maestro. ¿Observó usted el tipo de discípulos que Él escogió? ¿Por qué el Señor escogió aquel tipo de discípulos? ¿Qué tipo de personas eran ellos? No eran grandes estudiosos de la época, ni hombres con diplomas universitarios. Pienso que podríamos decir que en general ellos eran muy pobres, y parecían tener poca inteligencia. Ellos estaban siempre equivocándose sobre lo que Él decía, o fracasando al tratar de comprender el asunto. Ellos estaban siempre olvidándose de las cosas que Él les había hablado, y Jesús siempre tenía que recordárselo más tarde, o traer las cosas de regreso a ellos por el Espíritu Santo. La descripción hecha por Pablo de los cristianos de Corinto encajaba bien a esos discípu- los: “26Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27sino que lo necio del mundo escogió Dios... y lo débil del mundo escogió Dios” (1 Co. 1:26,27). Ahora, esta no es la forma en la cual el mundo trabaja. Usted no tendría oportunidad hoy si fuese un Pedro, o un Santiago, o un Juan, en cualquier posición elevada en este mundo. ¿Por qué Él escogió a esos hombres? Porque había mucho espacio en ellos para aquello que Él había venido a traer. Ellos aún no eran plenos y fuertes. En un sentido ellos le daban a Jesús una oportunidad muy buena para que colocara en ellos lo que ellos no tenían. Las personas en el tiempo de Cristo que tenían todo, nunca tuvieron nada. ¡Tú sabes cuán verdadero era esto! Los ricos fueron despedidos vacíos, y los hambrientos salían llenos. Esto es algo para que nosotros aprendamos.

Algo que necesitamos dejar en el valle cuando subimos la montaña es nuestra ignorancia. Tú dirás: Ignorancia significa ‘Yo no sé’, mas sólo piensa nuevamente. ¿Cuál es la señal de la ignorancia? Es: “Lo sé todo”. ¿Esto no es verdad? Las personas realmente ignorantes son aquellas que piensan que lo saben todo. Recuerdo a cierta señora algunos años atrás que decía: ‘¡Yo sé! ¡Yo sé!’ Esto habría sido muy bien si la vida de ella hubiese probado que ella realmente sabía, aunque su vida probaba lo contrario, y tú no podías llegar a lugar alguno con aquella querida alma por causa del ‘¡Yo sé! ¡Yo sé!’ La señal de la ignorancia es saberlo todo, y esta es una de las cosas para dejarlas en el valle cuando subimos la montaña. Debemos ser personas enseñables, vacías, débiles, tontas a nuestros propios ojos, simplemente sentirnos nadie. La Escuela de Jesucristo está llena de personas de ese tipo; y este es el porqué de que Él escogiese los hombres que Él escogió. Recordemos que somos Sus discípulos, y aún tenemos mucho para aprender. Realmente comprendemos al Señor Jesús muy poco, pero Él está en medio de nosotros como Rabboni, nuestro gran Maestro, y creo que Él se nos revelará a Sí mismo si nuestros corazones estuvieren abiertos a Él.

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