Austin-Sparks.net

Madurez Espiritual

por T. Austin-Sparks

Capítulo 7 - El Lugar y la Obra del Espíritu Santo

Hay una línea que va directo a través de esta carta a los Gálatas, que parece revelar tal vez el factor principal en el crecimiento espiritual, a saber, el lugar y la obra del Espíritu Santo. Haríamos bien si siguiésemos a través de esa línea en este momento. Hay cerca de trece referencias al Espíritu Santo en la carta. No nos vamos a referir a todas ellas, sino que nos limitaremos a varias características muy diferentes o factores relacionados con eso.

Es muy claro en esta carta, y, por supuesto, de otras partes de la Palabra, que el Espíritu Santo es esencial y básico para la realización de todos los propósitos de Dios en el creyente individual y en la iglesia. Puede ayudarnos a acudir a la presentación bastante sencilla de esta verdad en la medida en que ella es desdoblada en esta carta.

LA RECEPCIÓN DEL ESPÍRITU

Aeste respecto, leamos Gálatas 3:1-2: "1¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo ya fue presentado claramente entre vosotros como crucificado? 2Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?"

Esas palabras en el versículo 2 tocan el tema desde el principio en la forma más simple, más elemental. Tienen que ver con la recepción del Espíritu. Debemos detenernos un momento para establecer la conexión entre esta interrogación y todo el propósito de la carta. Parece que el apóstol está haciendo algo como esto. Pablo les dice: «Ahora, gálatas, vosotros habéis respondido al mensaje del Evangelio, y al hacerlo, vosotros habéis realizado un enorme movimiento de un reino hacia otro. Vosotros salisteis directamente de aquel reino pagano con sus exterioridades de observancias religiosas, con todas sus prácticas. Vosotros lo abandonasteis todo, y asumisteis la fe sencilla en el Señor Jesús. Cuando vosotros hicisteis esto, el sello de vuestra aceptación, el sello de vuestra actitud de fe, la señal que Dios os dio a fin de mostrar que vosotros sois una nueva creación en Cristo, fue que vosotros recibisteis el Espíritu Santo, y vosotros recibisteis el Espíritu Santo de Dios, a fin de que todo el propósito de Dios pudiese ser realizado en vosotros, ahora que habéis entrado en una relación viva con Él en Su Hijo, Jesucristo. Esta recepción del Espíritu Santo fue fundamental, e incluyó todas las cosas. Con el Espíritu Santo habéis recibido el sello, la garantía (arras), la dinámica y seguridad de todo, para que no hubiese nada más de qué preocuparse. Al recibir el Espíritu Santo, la herencia os fue asegurada a vosotros, pues estáis sellados. Era algo tremendo que vosotros debíais recibir, pues esto significaba que Dios había comenzado su obra, y había conseguido terreno en vosotros para llevar su obra hasta su finalización. Sí, el Espíritu Santo lo comprendía todo para los propósitos de Dios».

«¿Cómo, entonces, recibisteis el Espíritu? Vosotros sabéis muy bien que no recibisteis el Espíritu por medio de todas vuestras observancias y ceremonias religiosas en el paganismo. Esas cosas jamás os llevaron a algún lugar. Fue cuando, al oír el mensaje del Evangelio conocisteis al Hijo de Dios, vosotros salisteis de todo ese sistema de actividades religiosas por medio de un acto definitivo de fe, y depositasteis vuestra confianza en el Señor Jesús. Fue entonces cuando vosotros recibisteis el Espíritu Santo, “no por las obras de la ley" (tú debes omitir el artículo allí. La versión revisada lo corrige. Es, "por las obras de la ley". No era la ley pagana, del mismo modo como existía la ley mosaica). No fue por las obras de la ley en vuestra religión pagana que habéis recibido el Espíritu, sino por escuchar el mensaje de fe. Fue algo tremendo para vosotros haber recibido el Espíritu Santo; todo estaba incluido».

«He ahí están los judaizantes, viniendo y diciéndoos que vosotros debéis observar la ley de Moisés, que debéis volver atrás; no a vuestra ley pagana, sino a la ley judía. Prestarle atención a ellos es estar en peligro de retroceder con relación al Espíritu Santo, retroceder con relación al don del Espíritu Santo; ir de nuevo a un terreno donde nunca se supo acerca de vuestra recepción del Espíritu».

Ahora tenemos la conexión del asunto. Tú puedes ver cuán grande es una pregunta, cuánto está en juego. Por tanto, el hecho en sí es el punto por el momento. La recepción del Espíritu Santo incluye todo lo que Dios quiere en cuanto a Su propósito, y poder hacer realidad ese propósito, y toda la luz, y la orientación, y el conocimiento y la comprensión, y todo aquello que traiga consigo madurez espiritual con relación al propósito de Dios con el Espíritu Santo. Recibid el Espíritu y tendréis todo esto en Él. Tiene que ser resuelto, pero ahí está. No hay ninguna obra o esfuerzo de ningún tipo por nuestra parte que se relaciona con nuestra recepción del Espíritu Santo. Eso es fundamental. Recibimos el Espíritu Santo en la misma forma y en la misma base como cuando recibimos la justificación y recibimos el perdón, que es por la fe en el Señor Jesús, el oír de la fe, el mensaje de la fe. ¿Cómo recibimos el perdón? Sabemos que jamás obtenemos perdón por medio de esfuerzos, o trabajando para obtenerlo. ¿Cómo hemos llegado al lugar bendito de los justificados? Jamás por medio de obra nuestra alguna, sino por medio de la fe en la gracia de Dios. No recibimos perdón y justificación hasta que llegamos a aquella posición de sencilla, positiva y definitiva fe en la gracia de Dios en Jesucristo. Exactamente de la misma manera recibimos el Espíritu Santo. Esto hace que el comienzo de esto sea muy sencillo; es demasiado sencillo para un gran número de personas; demasiado sencillo para nuestra tendencia a la actividad práctica.

A menudo nos encontramos a nosotros mismos en la actitud, la posición y el estado de ánimo de que de alguna manera debemos hacer algo con el fin de recibir el Espíritu Santo. Bueno, vamos a prestar atención al desafío del apóstol. El Espíritu Santo es fundamental y todo incluyente para con el propósito de Dios, que tú no puedes tener nada más grande. Con el Espíritu Santo tú lo tienes todo, y todo sólo por un acto sencillo y definitivo de fe en la gracia de Dios. Debemos recordar que así como es dicho que la vida eterna es un don de Dios que se recibe por fe, así también se dice que el Espíritu Santo es un don de Dios que se recibe por fe. Cuando tú obtuviste el perdón a través del ejercicio de la fe, ¿Dios instantáneamente te dio el testimonio de que realmente tú recibiste el perdón, de que ya tú eras una nueva creación? ¿Fuiste tú puesto a prueba en cuanto a si realmente aquello era fe sentimiento? ¿No fuiste obligado a defender tu posición muy a menudo sin sensación alguna? "Dios, por causa de Cristo, ha perdonado vuestros pecados, os ha justificado, os ha imputado a vosotros la justicia de Cristo, y os ha aceptado". En contra de un considerable desafío tuviste que permanecer sobre la base de la fe. Tú has visto que muchas cosas se han levantado a fin de negarlo, sin embargo, la fe puesta en operación se convirtió en el terreno de la total garantía definitiva y de la vida que resultó de ahí, que tú hoy sabes que pertenecen al Señor. Exactamente de la misma manera es recibido el Espíritu Santo no mediante la sensación, no mediante el sentimiento, sino por la fe.

Esto es muy elemental, pero ahí es donde comienza la carta, en este asunto del Espíritu Santo, y tú puedes ver cuánto está vinculado con eso. Hemos pasado todo este tiempo en estas meditaciones, enfatizando la tremenda cuestión que eso implica. ¡Cuánto alcance encierra este asunto! ¡Cómo el cielo y el infierno están atrapados en un terrible conflicto con relación a estas almas, con relación al pleno propósito de Dios, y cómo el alma del apóstol está con dolores de parto debido a las cuestiones planteadas! Ahora, desde el primer momento todo es llevado a depender de la sencilla y definitiva recepción del Espíritu Santo. Si tú realmente has reconocido el terreno sobre el que Dios da el Espíritu Santo, tú jamás podrás regresar a la ley, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas carnales; nunca te podrás regresar a ninguna motivación de obras, nunca te podrás regresar a ningún lugar donde lo externo de la religión se convierta en la base de tu aceptación en Dios. Esta aceptación comienza con la fe, y así continúa con la fe.

Debemos reconocer que todo comienza con su principio, todo pende de lo primero, y tal vez a menudo es necesario, incluso para los veteranos en Cristo, regresar a sus comienzos. No estoy seguro de que el próximo punto no nos alcance.

CONTINUANDO EN EL ESPÍRITU

“¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?" (versículo 3).

La versión revisada lo interpreta del siguiente modo: "¿Ahora vosotros vais a terminar en la carne? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿ahora vais a terminar en la carne?” El apóstol dice claramente que toda la vida ha de ser sostenida y mantenida por el Espíritu Santo a través de la fe, así como al comienzo tuvo que hacerse a través de la fe en el Espíritu Santo. El hecho es que no cambiamos nuestra posición de una de extrema necesidad a una de capacidad personal cuando nos convertimos en hijos de Dios. Después de haber recibido el Espíritu por la fe, y habiéndonos convertido en hijos de Dios, no somos más competentes en nosotros mismos para proseguir de lo que éramos antes de empezar. No es más posible para nosotros alcanzar hoy el propósito en nosotros mismos de lo que era para nosotros mismos al comienzo. Cambiar la base a un momento posterior al comienzo, será fatal. Eso es lo que ocurrió aquí. Por tanto, la palabra para nosotros es que del mismo modo como hicimos al principio por el Espíritu a través de la fe, así debemos llegar hasta el final; y sólo así iremos a alcanzar el propósito, por el Espíritu a través de la fe. El Espíritu tiene que hacer cada pedacito de eso, y nosotros no podemos hacer ni un fragmento. Nuestra única posición es la de permanecer en la inquebrantable fe en el Espíritu Santo, a fin de que Él conduzca las cosas hasta su fin. Pero es en esa forma como funciona la cosa. No hay ni un fragmento que Dios nos entregue a nosotros concerniente a todo Su pleno propósito, sino aquello que el Espíritu Santo nos da, y es dado con el propósito de hacer de eso algo real y verdadero, y ningún fragmento podrá jamas llegar a ser real y verdadero separado del Espíritu Santo.

Ahora, ¿qué te es presentado a ti? ¿Una norma (o patrón) que es demasiado alta? ¡Oh, este es un patrón muy elevado, una norma demasiado alta, ese es un ideal al que jamás podremos alcanzar, es una vida muy distante de nosotros! Todo es muy
maravilloso, pero no es para personas sencillas como nosotros! ¿Es así como tú hablas? ¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? Por un lado, tú eres culpable de incredulidad, y estás despreciando al Espíritu de Dios. Si Dios ha establecido ante nosotros una meta, algún objetivo, no importa cuán alto, cuán grande, cuán maravilloso, el don del Espíritu Santo es para alcanzar esa meta, y no fallar ni en un fragmento de toda la divina voluntad y propósito. De modo que nuestra actitud no debe ser: "No, es demasiado para mí, es tan elevado, es demasiado grande, demasiado maravilloso". Nuestra actitud debería ser: "Yo tengo el Espíritu; Él lo puede hacer; confío en que el Espíritu implícitamente lo podrá hacer todo bien". Empezamos en el Espíritu, y continuaremos en el Espíritu; no podemos alcanzar el objetivo en la carne. No podemos mantener y sustentar nuestra vida más que cuando comenzamos. Es con el Espíritu.

EL ESPÍRITU Y EL PODER PARA EL SERVICIO

"El que os otorga, pues, el Espíritu, y obra milagros entre vosotros, ¿lo hace porque observáis la ley o porque tenéis fe en la predicación?" (Gálatas 3:5, B. J.).

La nota de la Versión Revisada dice: "... lo hace por obras de la ley, o por el mensaje de la fe?" Aquí nos encontramos más allá del comienzo de la vida cristiana, y más allá de la cuestión del mantenimiento de la vida cristiana, llegamos al servicio, y al poder para realizar el servicio. ¿Cuál es la base? Creo que no hay una forma más útil en la cual esto podría ser colocado que la forma en que está puesto aquí: "Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace... entre vosotros". Esto, por supuesto, se refiere al Señor. El Señor os suministra el Espíritu, y opera entre vosotros. Es la operación poderosa del Espíritu Santo en vosotros y entre vosotros, aquella obra de Dios, que es la evidencia de Su presencia en el servicio. Él suministra el Espíritu; ¿y de qué manera? ¿Cómo vamos a encontrar poder para el servicio? ¿De qué manera vamos a recibir este poder? No por nada de lo que podemos hacer. ¡Oh, cuánta gente está haciendo algo para conseguir poder para el servicio, haciendo un montón de cosas con mucha energía, mucha paciencia, con toda la fuerza de su mente, a fin de que se produzca la manifestación del poder de Dios. Ellos están haciendo de eso un negocio tremendamente intenso, y esto es siempre algo muy peligroso de hacer. Aquí el apóstol dice que el poder en el servicio está exactamente en la misma base que las dos cuestiones anteriores que hemos tratado, a saber, la del Espíritu Santo como el sello de nuestra aceptación, y el Espíritu Santo como el medio de nuestro sustento. El Señor no nos suministra el Espíritu en respuesta a cualquiera de nuestros ejercicios enérgicos. Él suministra el Espíritu en respuesta a la fe, el mismo tipo de fe que nosotros ejercitamos para nuestra salvación, y que hemos sido llamados a ejercer con relación a llegar a alcanzar el propósito de Dios.

Las operaciones del Espíritu entre nosotros son dones, y el Espíritu nos es suministrado a través de la fe. ¿Comprenden ustedes eso? Esto nos ahorrará muchos problemas, mucho estrés, y esto puede salvarnos de un buen número de engaños y decepciones, pues si hay algo evidente, esto es lo siguiente: que un alma terriblemente estresada, que se proyecta, que se concentra en recibir poder para el servicio, esta alma recibirá respuesta de otros poderes, cuyo vehículo de expresión es asaz nuestra alma. Obtenemos lo psíquico para el servicio, poderes y manifestaciones psíquicas por medio de otros espíritus, a través de esa tremenda emanación de fuerza del alma con relación al poder para el servicio. Esto es algo muy peligroso. Tal vez hayamos tocado algo con lo cual no deberíamos ir más allá, sin embargo es un asunto muy ejercitado por la mayor parte de nuestros corazones en estos días para ver cómo Satanás está dominando al mundo a lo largo de esta línea. Si tú deseas una explicación sobre estos poderes dictatoriales, eso no se puede encontrar en el campo natural. Ellos no son hombres naturalmente capaces de hacer lo que están haciendo. En sus primeros años de vida se encuentran como personas sin alguna importancia, y ahora han llegado a ser factores mundiales con poderes maravillosos y una influencia enorme sobre las masas, de modo que, literalmente, controlan y mantienen a las gentes como esclavos en sus propias manos. Hay que mirar su historia y descubrir que es la historia de una proyección con una intensidad indescriptible de la fuerza de su propia alma, ofreciendo una plataforma sobre la que los poderes del mal se alojan para llevar a cabo la obra de Satanás.

Ahora, esto es lo que está aconteciendo en el campo general, pero tú encuentras esto también en los llamados reinos espirituales. La gente empieza a concentrarse o proyectar sus almas hacia las cosas espirituales, y obtienen una manifestación de un falso espíritu santo, y falsas señales y maravillas. Esto es psíquico, y es satánico a través del alma. La cuestión del poder es mucho más simple que esto. "Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?" ¿Está tu ejercicio y tu esfuerzo sobre la base de lo que haces, o sobre la base de la fe? El poder para el servicio está sobre la base de la fe. Esto trae la fe a un lugar de gran prominencia e importancia, pero también muestra que es el Espíritu Santo, quien mantiene las cosas en Sus manos, y no las pone en nuestras manos, y no nos las entrega a nosotros. Es Su obra, no la nuestra.

Vamos a recordar con cuidado este pequeño fragmento: "Aquel, pues, que os suministra (o, aquel que os da) el Espíritu". Es el Señor quien lo hace, y lo hace en respuesta a la fe.

EL ESPÍRITU Y LA HERENCIA

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu" (Gálatas 3:13-14).

Esta es una declaración muy maravillosa. La bendición de Abraham en Cristo es para nosotros. Es algo tremendo que nosotros, siendo gentiles, pudiésemos recibir esta bendición en Cristo. Esta promesa tiene dos partes para su cumplimiento: En primer lugar, aquellos que son de la fe son la simiente de Abraham. Cristo es la simiente de Abraham. "No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno. Y a tu simiente, la cual es Cristo” (v. 16). La fe nos hace uno con Cristo, como la simiente de Abraham para recibir la promesa del pacto. La segunda parte de su cumplimiento es, "a fin de que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu Santo". De modo que el Espíritu Santo, en el sentido más amplio, es asegurado a nosotros en Abraham por medio de la fe. La recepción del Espíritu abarca todas las promesas de Cristo, pues "todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios" (2 Corintios 1:20). ¿Hasta qué punto esta promesa hecha a Abraham está indicada en Romanos 4:13? "Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe".

¿Cómo es cumplida la promesa de que Abraham debería ser heredero del mundo? En Cristo ¿Por cuál medio? Por medio del Espíritu Santo. Así, en Cristo, por el Espíritu Santo, llegamos a aquello que fue prometido a Abraham, a saber, la posesión del mundo. Es una cosa maravillosa. Nosotros estamos consiguiendo el objetivo a la vista a través del Espíritu Santo. Nos estamos moviendo desde el comienzo paso a paso. El desarrollo progresivo de las cosas en esta carta es notable. Aquí llegamos a la visión plena del propósito: "heredero del mundo". El pacto fue con Abraham, y ese pacto se cumplió en Cristo; el medio por el cual se cumplió el pacto es el Espíritu Santo, y nosotros somos los receptores del Espíritu. ¿Qué es, entonces, lo que hemos recibido? La promesa de heredar el mundo, la herencia en los siglos venideros. En otro lugar el apóstol habla del Espíritu Santo como las arras (garantía) de nuestra herencia. "Que sería heredero del mundo". ¡Qué grande es esta promesa, y nosotros somos partícipes de ella!

¿Cómo vamos a heredar el mundo? Dios nos ha llamado a eso. ¿Cómo vamos a entrar en esto? ¿Por las obras de la ley, por nuestros propios esfuerzos, por medio de nuestras actividades externas de tipo religioso? No, debemos regresar de nuevo a la sencilla base de la fe. El Espíritu Santo vino para introducirnos en esa herencia. La tierra habitada venidera estará sujeta al hombre de acuerdo con el propósito de Dios, y este es el asunto de la obra del Espíritu Santo.

¡Oh, Señor, es un gran propósito, demasiado maravilloso para nosotros, que debemos heredar el mundo, que hemos de reinar sobre la tierra, que debemos estar en unión gubernamental con Cristo en el dominio del mundo en los siglos venideros. ¿Esto es posible? El Señor responde: Os he dado el Espíritu Santo, y Él es la prenda de garantía de todo eso. Confíen en Él, y Él lo realizará todo.

Después de todo, el dominio del mundo no es una cosa tan extenuante, como se ha sugerido que puede ser. Se trata de una cuestión de fe en el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la suma de todas las promesas, y de todas las bendiciones hechas y prometidas a Abraham.

EL TESTIMONIO DEL ESPÍRITU

"Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre" (Gálatas 4:6).

Aquí vemos de nuevo la actividad progresiva. Hemos visto el propósito, la herencia. ¿Quiénes son los que heredan? Los herederos. ¿Quiénes son los herederos? Los hijos, los hijos primogénitos. ¿Cómo somos constituidos hijos, y por lo tanto herederos? Él ha enviado su Espíritu a nuestros corazones, el Espíritu de Su Hijo, que es el heredero de todas las cosas. Cuando el Espíritu Santo emite este clamor en nuestros corazones, "Padre", esa misma expresión, que nace en nosotros del Espíritu Santo, se refiere a la herencia. No sólo significa que estamos en la familia, esto se refiere a la herencia. Es el Espíritu de filiación. Esta no es la filiación de la regeneración, sino la filiación de la plena unión con Cristo, y todo lo que esto significa.

ANDANDO EN EL ESPÍRITU

"Digo, pues, andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne". (Gálatas 5:16).

Puedes ver cómo todo esto está relacionado con la madurez espiritual, el pleno crecimiento. Aquí está todo el secreto de la santificación. Te digo: ¡Enfréntate valientemente a tus acechanzas, y combate contra ellas de manera varonil, y no permitas ser vencido por ellas, sino dominarlas! ¡Qué pobre consejo, qué tragedia está relacionada con este tipo de andar! Es mucho más simple que eso. "Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne". ¡Oh, dad a los hombres algo más fuerte! Sí, está bien, aquí hay algo más fuerte: "Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí para que no hagáis lo que quisiereis" (versículo 17). Esto justamente nos lleva al asunto, el Espíritu de Dios o la carne. Sí, el deseo de la carne es contra el Espíritu. ¿Hay alguna perspectiva de esperanza para la carne? No, porque el Espíritu está en contra de la carne, y operando en contra de ella.

¿Cómo lleva a la victoria esta operación del Espíritu? Los deseos del Espíritu es contra la carne. Tú andas en el Espíritu. ¿Qué es andar en el Espíritu? Tú tomas partido por el Espíritu Santo, cooperas con el Espíritu, no cuando tú luchas el combate en contra de las concupiscencias de la carne, sino cuando tú cooperas con el Espíritu; deja que tu ejercitar sea con relación al Espíritu Santo, y no se cumplirán en ti los deseos de la carne. El Espíritu tendrá ventaja sobre los deseos de la carne a medida que tú tomes partido con Él, no simplemente luchando contra los deseos de la carne, sino en la medida que cooperas con Él. Es solamente cuando tú y yo nos inclinamos en dirección a la carne, y nos aliamos con ella, que fracasamos. Hay actualmente una energía y un poder, y si nosotros deliberadamente ocupamos nuestro posición con esta energía, con este poder, con esta Persona, ahí habrá liberación. De otra manera sería algo imposible, pero este es el secreto de la santificación, y ese es el camino del pleno crecimiento espiritual. El actuar del Espíritu Santo ahí hace una gran diferencia. "Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne..." Tengo la idea de que en lugar de "y", la palabra podría ser "pero". Si esto fuere cierto, hará una gran diferencia. Esto coloca la esperanza en todo. Incluso si la palabra que ahí aparece no fuere así (“pero”) el hecho, sin embargo, sigue siendo correcto.

EL FRUTO DEL ESPÍRITU

"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (dominio de sí mismo); contra tales cosas no hay ley" (Gálatas 5:22-23).

Debe ser observada la forma peculiar de estas palabras. "El fruto (en singular) del Espíritu (luego tienes pluralidad) es ..." La forma gramatical correcta sería, los frutos del Espíritu son: –El fruto del Espíritu es amor, y el amor abarca a todos los demás, y todos los demás constituyen el amor expresado en diferentes formas. Tú puedes verificar esto. Si realmente tienes el amor de Dios en tu corazón, ¿qué tienes? Tienes alegría, gozo, amor exultante, paz, amor de confianza, paciencia, amor duradero, dulzura, refinamiento del amor, mansedumbre, humildad. verdadero amor, como alguien ha dicho, con la cabeza gacha, bondad, amor en acción, templanza, amor en la moderación; fe, amor confiado.

Todas estas cosas están incluidas en el amor. El fruto del Espíritu es amor. Si quieres saber qué es el amor, es todo lo que está ahí. Esta es la manifestación exterior del Espíritu Santo. ¿Tiene esto algo que ver con la madurez, la fe, el crecimiento? Por supuesto que tiene que ver. La madurez espiritual viene por el Espíritu Santo, produciendo Su fruto en nosotros. El fruto del amor produciendo gozo, paz, paciencia, benignidad, mansedumbre, bondad, templanza, fe.

PERSEVERANDO EN EL ESPÍRITU

"Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu" (Gálatas 5:25).

Esta es nuestra relación voluntaria, continua y activa con el Espíritu. Si vivimos por el Espíritu –y de principio a fin, todo es por el Espíritu–, entonces, andemos también por el Espíritu. Se trata de una entrega voluntaria al Espíritu Santo, es un proseguir continuo con Él. Después de todo, todo lo tenemos por el Espíritu, de principio a fin. Al ver que esto es así, sigamos con el Espíritu. Pero debes tener en cuenta que no es una vida pasiva, es una vida activa, un andar en ejercicio. El punto es que el Espíritu tiene por objeto que tengamos un carácter moral y espiritual. No es una cuestión de que Él retire todo de nuestras manos, y haga todo separado de nosotros, de modo que simplemente nos reclinemos y digamos: "Bueno, nosotros realmente tenemos el Espíritu, y no tenemos que hacer nada ni pensar en nada respecto de estas cosas; todo va a ser hecho para nosotros". Todo realmente es por el Espíritu en nuestra vida, pero nosotros debemos estar activos, no pasivos; vamos a andar en el Espíritu. Él está tratando de producir el carácter espiritual, y esto sólo es posible a través del ejercicio, y nuestro ejercicio debe ser hacia el Espíritu Santo, y como resultado de eso, alcanzaremos el propósito de Dios, el pleno crecimiento.

Preservando los deseos de T. Austin-Sparks con respecto a que se debe entregar libremente lo que libremente se ha recibido, estos escritos no tienen derechos de autor. Por lo tanto, estás en libertad de utilizar estos escritos según seas conducido a hacerlo. Sin embargo, si eliges compartir los escritos de este sito con otros, te pedimos que, por favor, los ofrezcas libremente: Sin costo alguno, sin pedir nada a cambio y enteramente libres de derechos de autor y con esta declaración incluida.