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El Camino del Crecimiento

por T. Austin-Sparks

Capítulo 4 - Viviendo en los Lugares Celestiales

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Efesios 1:3,20).

“Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:6).

“Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales” (Efesios 3:10).

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).

“Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado. Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:6,9-10).

“Conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, 21a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:11,21).

Meditando en el asunto del crecimiento espiritual, como hemos visto en las epístolas de Pablo, cuando pasamos por esta carta a los Efesios, entramos en un campo enteramente nuevo. Es como pasar de un mundo a otro. En Corintios encontramos todo conectado a la tierra, de una forma carnal y almática, y todas las características que encontramos ahí es debido a una vida cristiana terrenal. En Gálatas encontramos aún cosas conectadas a la tierra, sin embargo esta vez en una forma religiosa. Cuando pasamos a Efesios, se acaban las amarras terrenales. La única palabra que gobierna es “los lugares celestiales”. Es un nuevo campo con un nuevo factor de tiempo. Pasamos de las cosas terrenales a las celestiales, y del tiempo a la eternidad. Queremos comprender lo que esto significa, tanto cuanto nos es posible.

EL EFECTO LIMITADOR DE LAS COSAS “SOBRE LA TIERRA”

Naturalmente, podemos concluir de inmediato que, si nuestros horizontes se quedan atrás, y si esta es nuestra condición, esto puede seguramente significar crecimiento espiritual. ¿Pero cómo? Si quisiéramos interpretar esta palabra “celestiales”, de una manera práctica, encontramos la clave en el verso 3 del primer capítulo de Efesios –"...nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. Significa que ahora, en este campo de la vida del cristiano, los valores espirituales son preeminentes. Esto es fácilmente visto por la comparación con las dos cartas anteriores. En Corintios los valores espirituales no eran realmente preeminentes. Ahí gobernaban los intereses personales. Todo era juzgado a partir del punto de vista de la ventaja para las personas en cuestión, y de su efecto sobre ellas aquí en esta vida terrenal. Incluso las cosas espirituales eran atraídas hacia abajo, los dones espirituales eran arrastrados hacia el campo donde las personas podían sacar provecho ellas mismas.

En la carta a los Gálatas es verdadera la misma cosa, aunque desde el punto de vista de la religión. Todo es traído hacia bajo, hacia la tierra. El apóstol coloca su dedo sobre el corazón de la cuestión cuando dijo de los judaizantes que estaban capturando a los creyentes gálatas, pues se querían gloriar en la carne (cfr. Gál. 6:13); es decir, a fin de que ellos pudieran ser capaces de levantar la cabeza y decir: “¡Vean cuántos convertidos tenemos nosotros! ¡Vean qué exitoso es nuestro movimiento! ¡Cuántas personas se están uniendo a nosotros!” Y él coloca esto en contra de la obra de la cruz. La obra de la cruz es que no hay nada de lo que se pueda gloriar en la carne. Toda glorificación en la carne, incluso de forma religiosa, es removida por la cruz. Hay una vida religiosa terrenal que quiere hacer del cristianismo algo de aquí, visto y sentido. Es una “iglesia terrenal”.

SOLAMENTE EL VALOR ESPIRITUAL CUENTA PARA DIOS

Así, aquí, cuando llegamos a la posición de Efesios, somos inmediatamente presentados a la preeminencia de valores espirituales. Es esto lo que significa “en los lugares celestiales” –como son vistas las cosas desde arriba; no lo que ellas parecen ser desde el punto de vista terrenal, no como nosotros las medimos y las pesamos aquí abajo, en la tierra, sino como ellas son desde el punto de vista del cielo, como las ve el Señor elevado en las alturas. Es esto lo que gobierna toda esta carta, en cada punto –el valor espiritual; no números, no lo que los hombres llaman éxito, no todas esas cosas que son de mucha importancia para las personas aquí, sino sólo aquello que tiene valor para Dios; y esto es el valor espiritual.

"Nos bendijo con toda bendición espiritual”, o, más propiamente y literalmente, “todas las bendiciones del Espíritu”. Vemos cómo buscaba Pablo, tanto con los corintios como con los gálatas, llevarlos a la posición donde el Espíritu era la grande y dominante realidad. Ahora, aquí en Efesios, esta realidad es traída plenamente a la vista, donde lo espiritual importa más que cualquiera otra cosa. Así, si quisiéramos crecimiento espiritual, si realmente estuviéramos yendo hacia esta plenitud mayor, tendremos que abandonar esos patrones terrenales, y juicios e intereses, y llegar a la posición donde, a fin de cuentas, nada más importa que el valor espiritual. ¿Hasta qué punto una cosa tiene valor a los ojos del Señor? Podemos tomar como cierto que solamente el valor espiritual importa a Dios.

EL CONOCIMIENTO DE CRISTO EN EL CIELO, LA MEDIDA DEL VALOR ESPIRITUAL

Cristo está en el cielo. Debemos conocerlo ahora sólo de una forma espiritual, y no conocido más según la carne. No lo conocemos como los hombres se conocen unos a los otros en la tierra. Él verdaderamente dijo: “El mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis" (Juan 14:19). Para ese momento, esto generó un interrogante entre los discípulos; ellos no podían entenderlo. Ellos le dijeron: “Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?” Ellos entendieron esto más tarde perfectamente. Cristo solamente puede ser verdaderamente conocido ahora solamente de manera espiritual; Él está en el cielo. Así, aquí nuevamente la gran frase es: “en los lugares celestiales en Cristo”; es decir, el gran valor espiritual es Cristo conocido en una forma espiritual. Crecimiento es una cuestión de conocimiento de Cristo. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Pablo intentó hacer que los gálatas vieran esto. Sus epístolas están llenas del nombre de “Cristo” –la epístola a los Gálatas más que cualquier otra.

LAS FORMAS TERRENALES NO DEBEN GOBERNAR

Ahora, la carta a los Efesios comienza –no sólo termina– con esto: “...todas las bendiciones espirituales en Cristo”. Es decir, conocer a Cristo de manera espiritual es el camino del crecimiento espiritual; no hay otra forma en la cual podamos verdaderamente conocerlo. Así, en Efesios encontramos esta idea de lo espiritual. El Espíritu y “espiritual” ocurren frecuentemente en esta carta.

El toque terrenal, lo hemos dicho, es severo. Este toque terrenal visto en la carta a los Corintios, significa división. “Yo soy de Pablo, y yo de Apolo, y yo de Cefas”: partidos, círculos, sectarismos, dividiendo el Cuerpo. Este es el aspecto terrenal y el toque terrenal, y nosotros siempre entramos en esta área de divisiones si nos tocamos los unos a los otros en este nivel terrenal. En Corintios y en Gálatas es judío y griego, siervo y libre, varón y hembra (Gal. 3:28). Este es el toque terrenal, las divisiones de la vida terrenal. Pero “en los lugares celestiales” no hay toque terrenal, y esto resulta en que no haya hombre terrenal.

Aquí en Efesios tenemos contacto con el hombre espiritual, Cristo, y, entonces, con “el nuevo hombre”. Aquí no hay judío, ni griego: no es judío y griego traídos juntos en amistad; aquí absolutamente no hay siervo y libre; aquí no hay ninguna de aquellas divisiones, sino un nuevo hombre en Cristo. "14Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, 15aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre” (Ef. 2:14-15) Así, esto espiritual y celestialmente significa que conocemos a los creyentes sólo en Cristo. Nosotros no los conocemos por aquello que ellos son en sí mismos, ni por lo que son religiosamente, si pertenecen a esta o a aquella, o no pertenecen a este o a aquel. Esas cosas no entran en consideración absolutamente. Conocemos a los hermanos en Cristo, y la medida de nuestra unidad práctica será la medida de Cristo. Nosotros vamos hasta donde pode-mos con la medida espiritual de cada uno; hacemos de eso la cosa que gobierna.

Ahora, si tenemos que profundizar y ampliar en la comunión, debemos crecer en la medida espiritual. El crecimiento espiritual resultará en una expresión más plena de comunión. Esta es la enseñanza de esta carta. El crecimiento espiritual, entonces, es una cuestión de distanciarse del nivel del viejo hombre, “de las cosas terrenales”, en el sentido de los corintios –e incluso religiosamente, en el sentido de los gálatas– para las cosas celestiales, en este sentido, de modo que Cristo conocido en la forma espiritual sea el terreno donde vivamos. Otras cosas no gobiernan, absolutamente; es el propio Señor y las cosas que son espirituales lo que predomina con nosotros. Este es el terreno celestial. Hay mucho más, naturalmente, en esta carta, sin embargo, esto es sólo un comienzo.

SÓLO NOS IMPORTAN LOS VALORES ESPIRITUALES

Ahora bien, ¿qué es lo más importante para mí? ¿Dónde estoy viviendo? ¿Es en este miserable campo terrenal de personas y cosas aquí abajo, o es en el campo de Cristo? ¿Es la vida espiritual y los valores espirituales lo que me interesa? Si pudiéramos levantarnos y verdaderamente decir: “no me importa ni un poquito cómo me afecta personalmente alguna cosa; la cuestión es: ¿Cuánto del Señor hay en esto? ¿Cuánto puede haber para Él? Yo no soy influenciado por la relación con las personas aquí abajo; tomo el campo más elevado de los lugares celestiales y los encuentro, no como esto, aquello o alguna cosa más, de acuerdo con la designación terrenal, sino que yo los encuentro en Cristo, el nuevo hombre”.

En aquel nivel no hay nada que impida el crecimiento espiritual. La medida espiritual no es una cuestión relacionada aquí abajo, incluso para el Señor –su éxito, su apoyo–, sino sólo cuanto está respondiendo al pensamiento lleno de Dios de una forma espiritual. Es esto lo que importa, y esto es un terreno espiritual. Nosotros bien sabemos que mientras las personas estuvieren más preocupadas con el mantenimiento de alguna cosa para el Señor en esta tierra –mantener las cosas caminando, construir, hacer que sean bien exitosas–, esas personas están en un campo de limitación espiritual, y mientras ellas no sean completamente liberadas de tales consideraciones con sólo un interrogante, ¿hasta qué punto esto está respondiendo a la mente plenamente revelada del Señor? Y si no fueran gobernadas solamente por eso, no puede haber real progreso y crecimiento espiritual. ¿No es verdad?

Y es impresionante que las personas que están realmente amarradas con alguna cosa –alguna organización, alguna obra, alguna sociedad, alguna misión, alguna institución–, aunque sea para el Señor con toda sinceridad, si este fuera el horizonte de esas personas, si esto constituye el mundo de ellas, ellas están limitadas espiritualmente. Ellas irán hasta cierto punto espiritualmente, pero no más. Están amarradas a sus propias vallas terrenales, las cercas que limitan algo en particular. Salga de esas cosas, vaya a la amplitud eterna de Dios, del propósito eterno, y verá que todas las cercas se vienen abajo, y el crecimiento espiritual toma su lugar. Es la única forma.

¿Qué es lo que busca el Señor? No sólo cosas buenas para Él mismo, aunque sean buenas; Él busca nada menos que la gran reunión de todas las cosas en torno a Cristo como cabeza (cfr. Efesios 1:10).

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