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Madurez Espiritual

por T. Austin-Sparks

Capítulo 2 - Espiritualidad

Lectura: 1 Corintios 2

Pasemos ahora a la primera carta a los Corintios. Allí te darás cuenta de que el punto en esa carta, señalado por el capítulo 3, comienza con la declaración definitiva de que el problema en Corinto, el problema incluido, era la inmadurez espiritual. Ellos eran unos niños, cuando ya era tiempo de que hubiesen abandonado la infancia. Ese era el problema en Corinto.

El Hombre Espiritual Constituido de Dios

Así que la carta trata de las causas de la tan atrasada madurez, y de aquello que es el factor básico para tales personas respecto al crecimiento espiritual. Podemos desde ya decir cuál es este factor. Es la clave para toda esta carta, y es "la espiritualidad". Siendo la clave para esta carta, es, por tanto, en todas estas circunstancias, la clave del pleno crecimiento. La espiritualidad es, por supuesto, puesta en contraste con la carnalidad. La espiritualidad es esencial para el pleno crecimiento. El capítulo segundo está lleno tanto de la realidad como de la necesidad. Si nos preguntamos qué es la espiritualidad, este capítulo responderá la pregunta diciéndonos que es una vida totalmente regida, enseñada, iluminada y guiada por el Espíritu Santo, pero no como desde afuera. Es justo aquí donde tenemos que reconocer la diferencia. Aquí no es un asunto del Espíritu Santo como una persona objetiva o como cierto poder que viene consigo y, por decirlo así, poniendo su mano sobre nosotros y decirnos cosas y girando en torno nuestro, y nos da la dirección de este tipo. Lo que el apóstol claramente muestra en esta parte de su carta es ese tipo de persona que somos. Él habla en este capítulo de dos tipos de seres, uno a quien él llama natural, o el hombre almático, y el otro es el hombre espiritual; uno, el hombre que es regido por su propia alma en todos los sentidos, el otro es el que es regido por el Espíritu Santo a través de su espíritu, y por eso se convierte en un hombre espiritual, en contraste con el hombre almático.

Así que el hombre espiritual aquí es un tipo de persona, y ese tipo de persona posee particular y peculiar tipo de capacidades, poderes, habilidades. Él tiene facultades que no las posee el otro tipo de hombre, el hombre almático, el hombre natural, y está, por tanto, dotado de capacidades que lo llevan mucho más allá de la gama más alta del hombre natural en aprehensión, en conocimiento, en comprensión, así como en realización.

Este punto debe quedar perfectamente claro, porque ciertas personas tienen un tipo de mentalidad que para ellas ser regidos totalmente por el Espíritu significa que el Espíritu Santo, de alguna manera, hace todo el cambio de dirección, gobernando y dirigiendo casi de manera objetiva, como desde el exterior. El hombre espiritual no está aquí representado como estando en esa posición en absoluto, sino más bien como habiendo constituido una especie de ser en el cual está el Espíritu Santo. Él es constituido un hombre espiritual de una inteligencia espiritual, que es capaz, por las facultades espirituales y dotaciones, de entrar en un conocimiento maravilloso y comunión con Dios mismo. Eso es espiritualidad, y ese es el corazón mismo del pleno crecimiento.

Es maravilloso cómo el orden cronológico de estas cartas es totalmente alterado en favor de un orden espiritual. En Romanos tú tienes el fundamento de la justificación por la fe, y luego viene 1 Corintios, y es como si tú fueses directo al corazón de la Persona en cuestión, y lo colocases en una posición, tú comienzas a constituir algo en Él, a edificar en Él. De modo que tú encuentras que se trata ahora de haber sido colocado en Cristo por la fe, Cristo está en ti, y esto es el comienzo de todo, si Cristo ha de ser totalmente formado. Y este es el significado de la espiritualidad.

Esto se ve en esta carta, por el contrario, que la carnalidad es una señal de inmadurez, y, más que eso, es un verdadero obstáculo para el progreso espiritual. Con esto tú te mueves a través de la carta y ves las muchas señales de carnalidad, que son señales de inmadurez. Podemos observar algunas de ellas, y esto nos ayudará a llegar a un entendimiento de lo que realmente es la espiritualidad.

SEIS SEÑALES DE CARNALIDAD COMO SE VE EN LA PRIMERA CARTA A LOS CORINTIOS

1) Inclinación a la sabiduría natural

Aquí en los capítulos 1 y 2 especialmente, tú ves que la carnalidad es una inclinación hacia lo natural, y se rige por lo que es natural, aquello que es de valor según la propia estimativa natural del hombre. Los de Corinto, evidentemente, tenían una gran admiración por la sabiduría humana. Estaban en un centro de la sabiduría humana, y su vida nacional se ha caracterizado mucho por esta admiración por la sabiduría de los hombres. Ellos estaban mucho más ocupados de manera natural en búsquedas y especulaciones filosóficas, de modo que esto era parte de su propia naturaleza. Era peculiar en los corintios estar siempre inclinados hacia la superioridad de la sabiduría humana, y los creyentes de Corinto estaban evidentemente cediendo a ese tipo de cosas. Nosotros aún estamos muy fuertemente influenciados por la fuerza, el poder de la sabiduría humana –y, por supuesto, esto carga poder consigo. Para los corintios, el conocimiento era poder. Esa era su filosofía de vida. Cuanto más conocimiento humano tú tienes, más alcanzas una posición de ascendencia en este mundo. Es algo que te coloca en una posición de ventaja. El conocimiento humano es una real posición ventajosa para el éxito en este mundo.

El apóstol propina algunos golpes muy duros en ese aspecto natural y, al mismo tiempo, carnal. Eso es natural, pero cuando entra en la vida de un creyente es una cosa carnal. Lo carnal es algo más positivo que lo natural. Somos lo que somos por naturaleza, pero cuando tú comienzas a adoptar lo que somos por naturaleza en el ámbito de lo que somos por gracia, y haces algo natural en el reino de la gracia, entonces tú te has convertido en carnal, y esto está mal. Así que estos dos capítulos están muy ocupados en gran parte con una tremenda presentación de la absoluta tontería de aquello en lo que estos creyentes se jactaban, y la absoluta debilidad de todo. ¿Conocimiento? ¿Poder? ¿Obtener una ventaja en este mundo? ¡Muy bien! El mundo en su sabiduría, y en la sabiduría que es llamada su poder, crucificó al Señor de la gloria. ¿Qué piensas tú de eso? Lo hicieron a ciegas. ¡Eso es ignorancia!

No vamos a seguir esa línea. Nosotros lo indicamos, porque eso nos muestra un estado de la mente. Era la apreciación de valores de acuerdo a las normas naturales y mundanas, y ellos fueron influenciados por eso, y para ellos fue carnalidad, y por tanto, inmadurez. Eso era el obstáculo para el crecimiento espiritual de ellos. Ahora, además de la cosa misma, el principio es este, que inclinándose hacia lo que es natural, y, en la inclinación hacia aquello, haciendo de eso un factor en nuestras vidas como hijos de Dios, es una señal de la infancia espiritual, infantilidad, inmadurez; pero además, es un verdadero obstáculo para cualquier otra cosa. Tú puedes decir que apenas es necesario subrayar eso entre el pueblo de Dios hoy, pero yo no estoy tan seguro. Ya sabes tan bien como yo, que este es uno de los defectos del corazón humano, en principio. Podemos estar perfectamente convencidos de que los corintios estaban equivocados, y que Pablo tenía toda la razón, que fue una completa tontería en este mundo racional crucificar al Señor Jesús, una idea totalmente falta de sabiduría, de conocimiento y de fuerza. Bueno, podemos estar muy convencidos de eso, y puede ser que no caigamos mucho en ese sentido, pero en principio esto se encuentra en todos nosotros.

Hay una tremenda tentativa de tratar de ganar un camino para el Evangelio, para Cristo, para la vida cristiana por medio incluso de ser como el mundo de alguna manera. Un joven, por ejemplo, piensa que si él tuviere algún entrenamiento de deportista, y sus logros en el mundo del deporte fueren conocidos, que él puede usar esto como una ventaja para ganar hombres para Cristo. Así lo hace, y él juega de esa manera para intentar ganar el respeto, la estima, la atención, el oído de los hombres, y de cierta manera está todo el tiempo yendo hacia el campo de ellos, y piensa que se va a ganar convertidos de esa manera. Esta es la misma cosa en principio. Si los hombres sólo pudieran ser ganados a lo largo de esta línea, no vale la pena ganarlos; no obtendrás lo correcto. La única base sobre la que un hombre puede ser realmente salvo, es en el terreno de la necesidad de su propio corazón, y reconocida por él, que él vendrá a Cristo como un asunto de vida o muerte. Si tuviere que ser ganado por medio de algo que tú pongas que apele a él en su propio terreno, habrá una debilidad permanente en su vida cristiana. Tengamos cuidado de que incluso en nuestro afán hagamos alguna concesión y lo pongamos un poco en peligro; no entremos en el terreno natural, lo que para nosotros sería pura carnalidad. Esta es la experiencia de los corintios; no van más allá de la infancia, las normas de los hombres, el valor mundano de las cosas, la sabiduría y el poder, y cosas semejantes.

Eso fue lo primero en todo este asunto de la espiritualidad. La espiritualidad no tiene nada que ver con eso. ¿Qué dice él, en efecto? Él dice: Después de todo, usted puede ir a los hombres, con toda la sabiduría mundana, y tratar de ganarlos para Cristo, pero el hombre natural no puede entender las cosas del Espíritu de Dios; él está trabajando bajo una prohibición absoluta. Antes de que un hombre pueda comprender las cosas del Espíritu de Dios, tiene que nacer de nuevo, y ser un hombre espiritual desde los inicios de su nueva vida. Él debe poseer algo que ningún hombre fuera de Cristo posee. Tú te encuentras en una situación sin esperanza si tratas de entrar en su terreno: "... nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido" (1 Co. 2:12). Esos corintios tenían el espíritu del mundo, y estaban tratando de ser cristianos con el espíritu del mundo; por eso ellos eran limitados en su conocimiento, su comprensión, en su entendimiento, y permanecieron como niños pequeños que nunca habían llegado a ningún tipo de conocimiento personal. Todo lo que tenían era aquello que les había sido dicho.

2) Preferencias por motivos naturales

La siguiente fase de esta carnalidad es vista en los capítulos 3 y 4. Allí tienes tú la preferencia por motivos naturales. Se trata de otra fase o forma de inclinación hacia lo que es natural. Uno dice: Yo soy de Pablo, y otro dice: Yo soy de Apolos, y otro dice: Yo soy de Pedro, y otro dice: Yo soy de Cristo. El apóstol trata de manera drástica con esto en estos dos capítulos. La carnalidad se expone como ese tipo de cosas en las que tú te inclinas en la dirección de tus propios gustos y aversiones naturales entre los hombres, entre las enseñanzas. ¡Me gusta Pablo como un hombre! ¡Me gusta Apolos como un hombre! ¡Me gusta la línea de enseñanza de Pablo! ¡Me gusta la maravillosa elocuencia de Apolos! ¡Me gusta la línea de Pedro! Aquellos cristianos estaban, de acuerdo con sus gustos naturales, y selectividad por motivos naturales, dividiendo a los siervos del Señor y el Cuerpo del Señor. ¿Quién se atreverá a decir que él nunca ha caído en ese fracaso? Es muy natural tener tales preferencias. Esto generalmente significa que tenemos que poner algo a la muerte en nosotros para escuchar a algunas personas, a tener algo que ver con ellas. Tenemos que lidiar con nosotros mismos, y decir: Tengo que buscar si hay algo ahí que es del Señor, y por el momento, cerrar los ojos a aquellas otras cosas que ofenden. Es muy natural decir: Me gusta así y asá, y me gustaría ir a cualquier lugar para escuchar esto y demás, pero en cuanto a aquel hombre, yo no puedo caminar con él en absoluto. Esa es carnalidad. "Pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo..." –¡Oh, no tenemos que ir más allá! Ese es el meollo de la cuestión, "Yo".

Debería ser "No yo, sino Cristo". ¿Hay algo de Cristo aquí en estos hombres? Eso es lo que deberíamos ser después. El vaso puede algunas veces darme malos momentos, pero mis inclinaciones naturales no son el punto en cuestión, absolutamente, esto carnalidad para mí. Esto está bien para algunas personas que no profesan ser del Señor, pero para mí es carnalidad, es traer alguna cosa de lo natural al campo de lo espiritual, y hacer de ella una cosa dominante. Espiritualidad significa que estoy después de todo en busca de aquello que sea de Cristo, no importa en cuál vaso sea traído a mí. Una y otra vez es evidente que se observa en la Palabra de Dios que, de haber tenido en cuenta los hombres los medios por los que Dios vino a ellos, ellos habrían perdido la bendición, y algunos estaban peligrosamente cerca de eso, y algunos lo perdieron.

Israel perdió la bendición por causa de esa misma razón. Ellos se sintieron ofendidos con el Hombre Cristo Jesús. "¿No es este el carpintero? ..." Si hubiese sido algún glorioso potentado del cielo, ellos habrían recibido el mensaje. Tengamos cuidado. Dios nos pone a prueba muchas veces en cuanto a la realidad de nuestros corazones, para constatar si estamos establecidos sobre Él mismo, trayéndonos una gran bendición envuelta en un paquete muy inaceptable.

La espiritualidad es lo contrario a la tendencia hacia la selecciones naturales, gustos y disgustos. Si tú y yo deseamos proseguir al pleno crecimiento, esta es una de las cosas que tiene que ser reconocidas y con la cual necesitamos lidiar. Se trata de un caso de tan sólo colocar nuestra vida natural por fuera de los intereses de lo espiritual. Esa oportunidad está con nosotros todos los días. La espiritualidad es determinada por cuán lejos estamos dispuestos a ser guiados.

3) La falta de sensibilidad moral

Pasamos al capítulo 5. Se trata de un capítulo terrible. La carnalidad se nos muestra aquí en un estado defectuoso de la sensibilidad moral. No vamos a seguir con eso, y sin embargo, no debemos ignorarlo. La espiritualidad debe trabajar en la sensibilidad moral real, la sensibilidad, de tal manera que haya una reacción fuerte en nosotros en contra de las tendencias de lo natural que están inclinadas en el sentido moral. No estamos hablando de no ser tentados. Todo el mundo es tentado. El simple hecho de que llevemos con nosotros una naturaleza que no está totalmente expurgada de las raíces y las fibras del pecado y de la caída, constituye una base sobre la que la tentación viene a nosotros. No hay pecado en la tentación. Algunas veces puede haber un cierto debilitamiento; podemos estar más abiertos por diversas razones a la debilidad que en otras ocasiones, sin embargo el punto es éste, que la espiritualidad representa en nosotros una revuelta y una reacción que en la presencia de debilidad moral se opone y reacciona contra eso.

Esa es la obra del Espíritu de Dios en nosotros, nos hace espirituales. En Corinto estaba no sólo aquella persona que defraudó (no vamos a juzgar a ninguno), pero de lo que el apóstol estaba preocupado era que en la asamblea no había sensibilidad moral suficiente para lidiar con aquello, y tuvo que escribirles una carta fuerte a fin de traerlos al terreno moral, para limpiar la Asamblea. Ellos no lo hicieron hasta que Pablo, prácticamente los obligó a hacerlo. Había una baja e inadecuada sensibilidad moral sobre la asamblea, no había una medida suficiente de espiritualidad para reaccionar violentamente contra aquello, y decir: Estamos impuros, debemos sacar esto y ponerlo a distancia, debemos expurgarnos a nosotros mismos, debemos estar ante Dios irreprensibles en este asunto. Ellos no lo hicieron, sino que lo toleraron, y permitieron que aquello continuase.

No estamos aplicando esto en modo alguno en ninguna asamblea justo ahora, sino que sólo estamos diciendo que la espiritualidad significa una fuerte reacción contra el estímulo de algo impuro. No sé lo necesario que sería decir una cosa así. Existen diversas formas de bajo sentido moral, pero en una persona espiritual, y en una asamblea espiritual habrá algo que reacciona en contra de aquello, en la conversación, en la flojedad de cualquier tipo. La espiritualidad asciende hacia un nivel mucho más alto. Eso nuevamente, entonces, es carnalidad, y ningún individuo o asamblea del Señor puede crecer hasta la plenitud de Cristo sin esta sensibilidad espiritual que se siente mal en la presencia de algo moralmente flojo.

4) Un espíritu variable

No vamos a extendernos sobre el siguiente punto, pero nos damos cuenta de que Pablo en el capítulo 6 trata de ese tipo de carnalidad que se revela a sí misma perjudicando a otros, y luego intentando obtener sus derechos por medio de un tribunal humano. Él comienza hablando de litigios en el versículo 1, pero deja esto atrás y prosigue, y dice que esas personas están defraudando a otros. Cualquier tipo de litigio ante el mundo, o en la iglesia, debería ser innecesaria para deshacerse de esta injusticia de uno para con otro. Qué nivel bajo entre el pueblo del Señor se revela cuando se defraudan unos a otros.

Hay más de una forma de robar al pueblo del Señor, pero es el principio lo que está a la vista, el no reconocer los derechos de los hijos del Señor. Si está mal que un hijo de Dios se defienda de sus derechos y luche por ellos, es igualmente equivocado que los derechos del pueblo de Dios sean ignorados o puestos en nada. Hay un honor del uno para con el otro, y aquello de que habla Pablo en otros lugares, una búsqueda de todos, no por sus propias cosas, sino por las cosas de los demás, es decir, teniendo en cuenta que otros también tienen derecho a ser honrados, a ser respetados, a ocupar un lugar. Parece que el espíritu aquí en Corinto era la de la persona que busca obtener ventaja, incluso a expensas de otro creyente. Es el espíritu de lo que es el problema detrás de todo. Con espiritualidad sería justo lo contrario de esto, que aun si se es perjudicado, uno no lucha por sus derechos, especialmente ante el mundo. Espiritualidad significaría, en una asamblea, y entre el pueblo del Señor, y por parte de cada individuo, el reconocimiento mutuo y la celebración en honor, porque –como lo dice Pablo, como veremos en un momento– somos miembros los unos de los otros, miembros del Cuerpo.

Me gusta la sabiduría del Espíritu Santo por medio de su siervo Pablo, cómo todo este asunto es conducido hasta el capítulo 12. ¡Sólo imagínate un miembro del Cuerpo de Cristo yendo a la ley, a las autoridades del Estado, en contra de otro miembro del mismo Cuerpo! ¿Qué sentido tendría que una mano luchara contra la otra mano, o con mi puño atacando cualquier otra parte de mi cuerpo? Esta es quizá una forma cruda de decirlo, pero Pablo coloca ahora el punto en ese sentido y dice: Todos ustedes son miembros de un solo cuerpo, y todos son interdependientes; tú no puedes prescindir de otro; y ese miembro que recurre a la ley contra otro, no es más que robarse a sí mismo.

¡Es tan tonto, tan absurdo, tan débil! Todas estas cosas son la evidencia de un bajo nivel de vida espiritual. La espiritualidad se manifestará en el reconocimiento del valor de cada miembro, en lugar de ocasionarle un daño, en el respeto y honor a ese miembro, debido a la necesidad de cada uno. Nos necesitamos los unos a los otros, y por lo tanto, es el infantilismo máximo en un sentido espiritual estar en discordia con otros. La madurez espiritual jamás va a tolerar esto. Si lo hiciéramos, a sabiendas de que estamos obrando así, nuestra actitud con relación a otro hijo de Dios, volverá sobre nosotros mismos, y se convertirá en nuestra actitud hacia nosotros mismos. Así es como Dios lo ordena, porque el Espíritu Santo es el Espíritu que gobierna y da equilibrio a todo el Cuerpo.

Creo que no hay ámbito en el que las leyes de Dios operen de manera más inmediata y directa que en el Cuerpo de Cristo. "El que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna" (Gálatas 6:8). "Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" (v.7). Dentro de la iglesia de Dios, esas leyes funcionan de una manera muy inmediata y directa. La espiritualidad toma todo eso en cuenta, y dice: Yo no voy a dañar mi propio crecimiento espiritual por hacer daño a otro miembro de Cristo; yo no voy a ser despojado de aquello que Dios tiene para mí por fallar en reconocer que la otra persona también debe ser ayudada con ese fin.

5) El error de no discernir el Cuerpo

En los capítulos 10 y 11 llegamos la discriminación (no discernimiento) del Cuerpo del Señor. Todo está envuelto en la larga discusión de cosas sacrificadas a ídolos, y aquel punto donde termina una cosa y comienza otra. La mesa del Señor en los días apostólicos no era como nuestra mesa del Señor en los días de hoy. Nos reunimos a la mesa del Señor y hay algo muy distinto, bastante por sí mismo, no hay equivocación en lo que representa. En los tiempos apostólicos ellos tomaban sus comidas juntos, y en cierto punto y hora de la comida, se detenían y adoraban, y para este propósito, tomaban de la misma comida que estaban comiendo y bebiendo; ellos transformaban su comida ordinaria en una adoración corporativa del Señor. El apóstol dice aquí: Vosotros podéis venir con hambre a vuestra comida, y sentaros a comer de todo corazón, y justo sobrepasar la línea, y al hacerlo, confundir las dos cosas, y hacer de aquello que representa el Cuerpo del Señor y la Sangre del Señor, una parte de vuestra fiesta para la satisfacción de vuestro propio apetito. Nosotros no estamos en la misma posición para caer en la misma trampa, pero hay un principio ligado a lo anterior sobre el cual el Señor pone Su dedo a través de su apóstol.

Cosas terribles resultaron de eso en la iglesia de Corinto; por esta causa muchos estaban enfermos, y no pocos murieron. Había este otro elemento, como hemos señalado, que una buena parte de lo que ellos estaban comiendo y bebiendo en la forma ordinaria ya había sido ofrecida a los ídolos en los templos, ya había sido ofrecida a los dioses paganos, y ellos no lo discernían. Sin embargo, el principio fundamental es este, que este pan y esta copa hablan de dos cosas. En primer lugar, hablan de la relación de alianza con el Señor, en la cual todo en nuestras vidas es para el Señor, y en la cual el Señor es todo para nosotros; nosotros hemos salido, y Cristo ha entrado; y para nosotros, Cristo es el centro de la esfera, el único objetivo de nuestras vidas.

Esos dos elementos, el pan y la copa, también hablan de lo siguiente: que el Cuerpo de Cristo, la iglesia, ha tomado su lugar en nuestros intereses, como aquel sobre el cual el amor de Cristo está establecido, hasta la misma muerte. "Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella". Se trata de "la iglesia de Dios, que él compró con su propia sangre". Una vez más, está escrito: "25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante..." (Efesios 5:25-27). La actitud de los creyentes con relación a la iglesia debe ser la misma actitud de Cristo hacia la iglesia. La espiritualidad es la que, por un lado, da a Cristo Su lugar sobre todo lo que es personal, y nos permite subordinar todo a Sus intereses. Hubo un fracaso en este sentido en Corinto, y una inclinación a la gratificación personal, en lugar de gloriarse en el Señor. La espiritualidad es justamente lo opuesto a esto, y así la espiritualidad es una señal de crecimiento. Nosotros jamás vendremos al pleno crecimiento espiritual, si estuviésemos gobernados por nuestros apetitos naturales.

Entonces, por otra parte, la espiritualidad está marcada por el amor a todo el pueblo del Señor. En Corinto, de nuevo, hubo falta de reconocimiento del amor de Cristo por su Iglesia. Su única actitud de los unos para con los otros, por lo tanto, era cualquier cosa menos aquella actitud de Cristo por los Suyos, y así ellos no discernir el único Cuerpo como representado en la Mesa del Señor. Pablo dice: "El pan que partimos, ¿no es nuestra participación común en el cuerpo de Cristo?” Vemos esto nosotros: “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo (un solo pan), pues todos participamos del mismo pan" (1 Corintios 10:16,17). La Mesa del Señor es el Cuerpo en representación. Debemos reconocer que el objeto del amor y devoción de Cristo es Su Iglesia, y tener el mismo amor y devoción a Su pueblo y para Su pueblo como Él lo tuvo. Pongamos eso de una manera más sencilla. Una vida espiritual verdaderamente grande se caracteriza por una gran devoción por el pueblo del Señor, por el Cuerpo de Cristo, en oposición a una medida excesiva de individualismo.

6) La codicia de los dones espirituales para fines personales

La última característica de la carnalidad que estaremos notando es la que aparece en el capítulo 7 con relación a los dones espirituales. Es extraño que este asunto apareciese en el campo de la carnalidad y la falta de madurez espiritual, y con todo, lo hace. No veo cómo podemos escapar del hecho, si honestamente leemos este capítulo, que el apóstol estaba tratando este mismo asunto de los dones espirituales desde el mismo punto de vista que estaba tratando otras cosas en Corinto. ¿Cuál era el problema? Se trata de uno que tal vez pensamos que no debemos temer. La primera parte del capítulo 12 indica dónde estaba el problema. No podemos quedarnos con los versos 1-3, para considerarlos en detalle, pero hay mucho allí que deberíamos considerar, y eso nos haría mucho bien. Juzgando apenas por la apariencia, hay esto: esos corintios antes de llegar al Señor eran paganos a tal grado que estaban ocupados con espiritismo, y en el espiritismo (a menudo denominado "espiritualismo") hay un sistema definido de la actividad de falsificación de Espíritu Santo. El espiritismo, como lo conocemos hoy en día, puede producir el hablar en lenguas, y todas las otras cosas, tales como poderes, milagros, y así sucesivamente. Creo que el espiritismo va a ser el gran aliado del Anticristo, el falsificador de Cristo y del Espíritu Santo, y de este modo muchos serán engañados. El paganismo de esos corintios se ve en que ellos eran extraviados y llevados a los ídolos mudos, y asociadas con la adoración de ídolos hubo manifestaciones espirituales, y fueron objeto de un falso Espíritu Santo (si podemos utilizar ese término). El griego es notable ahí, y es perfectamente coherente con la idea de que viene bajo un poder espiritual, de modo que tú actúas y hablas como bajo control. El apóstol está aquí usando esto con relación a las personas que están bajo el control de un poder. Si tú estas bajo el control de un espíritu malo, tú no vas a decir: "Jesús es el Señor". El espíritu maligno no va a decir eso.

El punto es este, que no había entre estas personas en Corinto una clara distinción entre el espiritismo y el Espíritu Santo. Aquí has llegado al corazón del problema. Habían estado en la cosa falsa, y ahora habían llegado a lo verdadero, y no lo estaban distinguiendo. ¿Por qué ellos no lo estaban diferenciando? Porque estaban muy ocupados con experiencias, manifestaciones, demostraciones, sensaciones, con aquello que es aparente evidencia de algo. Ese es el peligro. El peligro es el de desear una experiencia, desear una prueba, desear tener una sensación. Esto es carnalidad, y tú vas a mesclar el Espíritu Santo con el espiritismo, si no eres cuidadoso a lo largo de esa línea, y las multitudes lo están haciendo. El diablo está consiguiendo su ventaja en esta dirección en muchas personas. Ellos piensan que es el Espíritu Santo cuando en verdad es una cosa falsa, simplemente porque ellos desean algo. Es por eso que el apóstol aborda tan firmemente esta cuestión. Él dice en efecto: "Tengan cuidado, no pongan las cosas en un lugar equivocado, no le den importancia a las cosas que no son tan importantes como ustedes piensan que lo son. Hablar en lenguas no es tan importante como ustedes quieren que sea. Es uno de los menores de los dones".

¿Puedes ver el asunto? Tú tienes que reconocer el significado de estos tres primeros versículos del capítulo 12. Fue la deficiencia para distinguir entre el verdadero Espíritu Santo, y el falso.

Entonces, en cuanto al resto del capítulo, vemos a partir del versículo 12 hasta el 27
que ellos no estaban reconociendo la relación de dones. Esa es la protección, reconocer eso. Existen los dones del Espíritu Santo, reales, genuinos y verdaderos; no los vamos a despreciar por causa de los dones falsos. Al mismo tiempo tenemos que tener equilibrio, tenemos que tener comprensión espiritual, sabiduría espiritual sobre este asunto. Los corintios estaban tomando las cosas como personales, de una manera separada, individual, y haciendo algo de ellos, porque aquella era una experiencia inolvidable y maravillosa; y con ellos todo terminó allí. ¿Por qué Pablo escribió la totalidad de esta sección sobre el Cuerpo de Cristo, y por qué él entró en este asunto tan vívidamente? "Hay diversidad de dones, pero (ahora viene la revisión –todo el mundo se está gloriando en aquella fase de la diversidad que ha venido a ellos) el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios que hace todas las cosas en todos, es el mismo". Tú necesitas ponderar cada fragmento –es "el mismo Dios quien obra todas las cosas" en todos los miembros, en todo el Cuerpo–. "Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho". Es decir, para un fin provechoso.

Entonces, cuando tú has enumerado los dones, llegas a esta declaración: "Porque así como el cuerpo es uno... así también el Cristo". El artículo se usa allí. Tienes el corazón de las cosas. ¿Dones espirituales? ¡Sí! ¿Para qué? ¿Para yo gloriarme, para ser gratificado, para hablar acerca de MI experiencia? Ah, esto es la prueba. ¿Está todo el cuerpo beneficiándose? ¿Está siendo glorificado únicamente el Señor? ¿Está todo este asunto relacionado y trabajando para el crecimiento mutuo? Esta es una cuestión corporativa, no es un asunto individual, absolutamente. Si lo separas y lo sacas de su finalidad, desvías el propósito, el cual es la construcción de todo el Cuerpo y el crecimiento mutuo. ¿Cuál es el resultado en Corinto? Ellos hicieron todo esto de los dones un asunto individual, un asunto personal, desvinculados del resto del cuerpo, donde ellos mismos se gloriaban. Ellos estuvieron peligrosamente próximos del pecado más terrible, al fracasar en distinguir entre el espiritismo y el Espíritu Santo, todo por causa de su deseo, de su amor por algo que les trajese un sentido de satisfacción para sí mismos, de placer para sí mismos, de gratificación para sí mismos. Esto es carnalidad. Esto es inmadurez.

Todo esto puede estar en una medida instructiva o iluminadora, sin embargo tú puedes percibir cuán fuertemente habla esta carta sobre la necesidad de una verdadera espiritualidad, y de qué espiritualidad se trata. La espiritualidad no retiene nada del Señor para sí mismo, y nunca convierte algo del Señor en el fundamento de su propio placer y satisfacción personal, individual, glorificándose unilateralmente. La espiritualidad mantiene todo con relación a todos los santos, al incremento de Cristo. La espiritualidad no le ve ningún valor a nada aparte de eso. Así, el apóstol continúa con su correctivo.

DOS COSAS SOBRESALEN CUANDO TÚ HAS CONSIDERADO LA TOTALIDAD DE ESTA CARTA

El Hombre Natural Completamente Apartado de la Cruz

Primero que todo, para comenzar, la cruz excluye totalmente al hombre natural. "Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado"
(1 Co. 2:2). Pablo actuaba sobre el principio de la cruz cuando dijo: "Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor" (v.3). No había nada en Pablo en lo natural, hubiera querido venir sobre esa base, que le hubiera permitido estar entre ellos en otra cosa que en debilidad y temor y mucho temblor. Pero él estaba actuando en el principio de la cruz. Él dice que esto fue hecho deliberadamente a fin de que la fe de aquellos hermanos no estuviese fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Lo que aquellos hermanos necesitaban conocer era la diferencia entre el poder natural, sabiduría y todo lo que es de la naturaleza, y el verdadero poder de Dios en el Espíritu Santo. La cruz deja de lado toda la vida natural, y abre el camino para la espiritualidad y el pleno crecimiento.

La Esencia de la Espiritualidad es el Amor

En segundo lugar, cuando todo se ha dicho, la esencia de la espiritualidad es el amor (capítulo 13). "Si yo hablase lenguas humanas (voces terrestres) y angélicas (lenguas que no se conocen entre los hombres, lengua celestial), y no tengo amor" – ¿Soy yo una persona muy espiritual? ¡En absoluto! –¿He hecho yo un gran progreso en la vida espiritual? ¡En absoluto! ¿Qué soy yo? "Vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe". Tanto, pues, debido a una total falta de espiritualidad, a pesar de que es posible que tú puedas hablar en lenguas. Pablo escribe la palabra "nada" sobre una gran cantidad de cosas que, naturalmente, se cree que eran muy importantes: la fe que traslada los montes, la entrega del cuerpo para ser quemado, y así sucesivamente, él escribe "nada" sobre cada una de ellas. Esas cosas no tienen ningún valor en sí mismas; ellas tienen valor en su debido lugar, y en su conexión, pero si son sin amor son "nada". La esencia de la espiritualidad no son los dones, es la gracia. No vamos a elegir entre dones y gracia, entre dones y el amor. Ése no es el asunto, absolutamente. El apóstol no tiene la intención de que tomemos esta actitud: Oh, bueno, dame amor, yo no quiero dones. Me deshago de todos los dones si tú sólo me das amor. Pablo está tratando de dejar claro que estas cosas en sí mismas pueden ser consideradas carnalmente. En realidad, para que puedan realmente alcanzar el objetivo que Dios les atribuye (a los dones) deben ser usados espiritualmente, y la esencia de la espiritualidad es el amor. El amor lo cubre todo.

Regresemos al principio, y comencemos de nuevo: La sabiduría, la fuerza, las divisiones, cismas, lascivia, todas esas cosas salen cuando el amor entra. De modo que él cierra así: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu

Santo sean con todos vosotros" (2 Co. 13:14). Eso es lo que necesitan los corintios. Sin duda alguna, el apóstol resumió todo en aquello que llamamos la "Bendición Apostólica".

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